Hoy escribo para ti. Mi paz, mi lugar seguro.
Cierro los ojos y aún recuerdo tu oreja suavecita. Tus rizos rubios. Pompeya. Ese nombre tan peculiar.
Un día leí que para ellos lo somos todo.
Para ellos, tu siempre eres suficiente.
Tu perro sabe cuando estas mal, no sabe el por qué, no necesita preguntar, sólo se queda ahí.
Ellos no hablan nuestro idioma pero nos entienden mejor que nadie.
Pompeya, te llevaste contigo un pedazo de mi alma. Mi alma más pura.
Se que la cuidarás. Se que la harás brillar mejor que nadie.
Extraño sentarme a tu lado en silencio y acompasar nuestros corazones. Sentir que a tu lado todo esta bien.
Cierro los ojos una y otra vez, lloro pero me rio. Se me ilumina el corazón al recordarte.
Gracias por cuidarme cuando ni yo sabía que lo necesitaba.
Nos volveremos a cruzar chiquita.


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